viernes, 5 de octubre de 2018

Camino a Santiago 2018

PRIMER DÍA (miércoles 19):  
Se inicia el camino en Villafranca del Bierzo.
Paisaje frondoso
Tras La Portela de Valcarce, pronto cae la barrera de los 190.
Una hermos ermita en el camino con un Cristo de San Damiano
 
Otros diez km más y alcanzamos el primer destino: Las Herrerías
 Excelente cena y alojamiento en Casa Polín, al final del pueblo.

SEGUNDO DÍA (jueves 20):
Salimos de Las Herrerias
Iniciamos la temida subida a O Cebreiro  
Un galgo llamado Mariví, me lleva a velocidades supersónicas.
Pronto alcanzamos el pueblito de La Faba
Seguimos ascendiendo y entramos en Galicia.
Sin darnos cuenta, alcanzamos el hermoso poblado de O Cebreiro, con sus típicas construcciones. Nos tomamos un merecido descanso.


Mi proyecto de pernoctar el segundo día en O Cebreiro se desvanece: el galgo dice continuar; yo: Amén

Después de ascender a O Cebreiro continuamos cuesta arriba para alcanzar el punto más elevado del recorrido, el Alto de San Roque, cuya altitud se refleja en el cartel.






Aquí se encuentra la enorme escultura de un peregrino luchando contra el viento.
Abandonamos el lateral de la carretera para seguir un camino que nos conduce, tras una dura subida hacia el Alto do Poio, donde, tras cruzar de nuevo la carretera, encontramos cobijo en Santa Maria do Poio. 
Por fin,  un merecido descanso.

TERCER DÍA (viernes 21): 
Salimos del Alto do Poio.
Comenzamos a descender.
Vasto panorama y excelentes caminos nos llevan hacia Fonfría primero y O Bidueiro después.


Un pinchito caliente y un zumito de naranja son la disculpa para un pequeño alto en el camino.


Acentuándose el descenso, nos acercamos hacia Triacastela. Naturalmente, de los tres castillos solo queda el nombre.


Antas de llegar, fotografiamos el imponente castaño centenario.
En primer plano, un italiano, en segundo, el galgo Mariví. 

Triacastela se ve muy diferente cuando se hace el camino a pié.
En el anterior camino, realizado en BTT, descendimos desde O Cebreiro hasta Triacastela por carretera en un santiamén.
No hay comparación posible.


Alguien dijo: Hay que ir por Samos. Amén.



Por aquel entonces,
 mis pies, bastante maltrechos, solo se protegian con unas chanclas de playa, así que decidí hacer el camino hasta Samos por carretera (9,5 km) 





Me asustó el 19,73 (que, en realidad, nada tenía que ver con la distancia a Samos).
El día ya había estado bastante servidito de kilómetros.

 Por fin, Samos y su impresionante monasterio.

Imagen lateral del monasterio junto al rio Sarria.

 CUARTO DÍA (sábado 22):
Salimos de Samos
 Bien de madrugada iniciamos camino hacia Sarria para esperar en la estación la llegada del tren, a las nueve de la mañana, donde viene Rosa. Cuando Mariví llegó a la estación, yo aún me encontraba a dos km y medio de Sarria.
Es muy tedioso caminar a la orilla de la carretera.
Amaneciendo al llegar a Sarria me recibió una familia de calabazas.

Una piara de jabalies fue arrollada por el tren y éste, que tuvo que cambiar de máquina, demoró su llegada hasta pasadas las doce.
Yo iba diciendo, pensando en el galgo Mariví, corre, corre, que ya esperarás. Y así fue.
Ahora, ya somos tres.
Tomamos el día de descanso en Sarria donde disfrutamos de una excelente cena en el malecón. Pernoctamos en la pensión La Estación.




QUINTO DÍA (domingo 23):
Salimos de Sarria.
Nos ponemos en marcha bien temprano.


Café y tostadas de desayuno.
Pisadas en el Camino: La huella del peregrino
Hermosa ermitas 
En un día terrible de sol, el frescor de estas sombras era de agradecer.

Hermosas paredes de piedra en las pequeñas poblaciones.

Por fin, alcanzamos el puente de Portomarín.









Libres de las mochilas, 
duchados y aseados,
nos disponemos a cenar
a los pies de la catedral fortaleza.
Hasta he hecho un selfi.

SEXTO DÍA (lunes 24):
Salimos de Portomarín.
Tras un opìparo desayuno: huevos, tostadas y café, iniciamos la marcha.

Pronto dejamos la calzada y nos sumergimos de nuevo en la masa forestal.

Son muchos los que se han quedado en el camino.


Así, hasta Palas de Rey, donde teníamos reserva en el Albergue San Marcos.

SÉPTIMO DÍA (martes 25)
Tras el desayuno en el albergue, salimos de Palas de Rey

La Luna aún estaba presente en la noche.
Santiago ya se encuentra a menos de 65 Km
De nuevo me llaman la atención las pisadas que los peregrinos dejan en el polvoriento suelo.
Este saludable desayuno cayó en algún lugar del recorrido.
Se echaba en falta la indicación de los nombres de las pequeñas poblaciones.




Nos acercamos a Melide y la sobrepasamos.

Continuamos camino.








Hermosas ermitas jalonan el camino.




Y así llegamos a Ribadiso de Abajo, donde pernoctamos en el Albergue del Caminante.


OCTAVO DÍA (miércoles 26):
Rápidamente alcanzamos la localidad de Arzua, pasando delante del Albergue Municipal donde mi amigo Victorius y yo pernoctamos cuando hicimos el Camino Primitivo.
Dejamos atrás el muro de las sentencias.


Ya no nos queda casi nada.


El Sol está fuerte.

Como el gorro que llevo es de lluvia y está forrado por dentro
no me sirve para protegerme del sol.

Por eso, he comprado un paraguas pequeñito para mi nieta, que me saca del apuro.






Así, soy el peregrino de las chanclas y el paraguas.


En este punto ya hemos tomado el desvio para Santa Irene, donde Mariví ya había reservado en el albergue privado. Una vez más, dió en el clavo.

El albergue: excelente.


NOVENO DÍA (jueves 27):

Tras el reconfortante desayuno en el albergue, iniciamos camino hacia el Monte de Gozo.
Hermosos parajes fuimos disfrutando.



Un descansito para reponer fuerzas.

Y un último esfuerzo para situarnos a las puertas de Santiado.



Dice el dicho:
Quiera Dios que yo vea el cielo en la tierra
cuando mis ojos divisen
las Torres de Compostela

Ahora el sendero acompaña a una carretera comarcal.
Y, por fin, llegamos al destino.

DÉCIMO DÍA (viernes 28):
Tras el desayuno, esperamos la incorporación de dos nuevos peregrinos: José Manuel, marido de Mariví y Paco (kriyabán).


¡Santiago a la vista! Bueno, en realidad, la niebla nos impidió observar las ansiadas torres.
 Alcanzamos las calles de Santiago


Santiago Munumental

La cola es para entrar a la misa.
Por fin, la fachada sin andamios, aunque con la puerta principal cerrada por reparaciones.

Tras una larga cola, una nueva Compostela (la tercera para mí)
Om



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