domingo, 7 de junio de 2020

Mi Ancla Espiritual se ha ido

Te conocí con 15 años, a punto de cumplir 16.
Fuiste mi ancla espiritual, una ayuda inestimable que me obligó a estar vigilante en busca siempre de una actitud correcta.

Habiendo superado situaciones difíciles, me hacía mucha ilusión poder llegar a celebrar con nuestros hijos y nietos las bodas de oro, cincuenta años de matrimonio. Pero el destino kármico no lo ha querido así. 

Te has ido muy joven, a los 64 años. 
Tu entereza ante la dramática situación que se presentó y de la que tuviste conocimiento desde el primer momento, fue de gran ayuda para toda la familia.

Se que tu alma ahora vuela libre de las ataduras del cuerpo en el cielo astral, donde te estaban aguardando tus seres queridos, tu madre Alba y tu padre Ramón.

Nuestro amor no se desvanece con esta separación transitoria. 
El amor siempre prevalece, y nuevamente, bien en el cielo astral o de nuevo reencarnados en la tierra, nuestras almas volverán a encontrarse.

Esposa mía, no me importa la distancia, siempre te amaré.

Mi agradecimiento a las numerosas personas que nos han manifestado sus condolencias.

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